La abogada especialista en derechos humanos de las mujeres y las diversidades sexuales, familia y violencias, Florencia González, concedió una entrevista exclusiva a la Agencia de Noticias Guacurarí, en el marco del ciclo Mujeres en Acción.
La temática se centró en la problemática de la violencia de género bajo la consigna “Ni Una Menos”. Durante la charla, la profesional se refirió a diversos aspectos vinculados a esta problemática vigente que, sin lugar a dudas, atraviesa diariamente a mujeres que sufren violencia física, verbal o emocional, vulnerando aún más sus derechos y su integridad.
En primer lugar, hizo énfasis en que la gran cantidad de información disponible no es suficiente para detener esta problemática de fondo. “Porque la información por sí sola no transforma estructuras profundas. Hoy se habla más, se expone y se nombra la violencia, pero eso no significa que hayamos logrado erradicarla”.
Además, explicó cómo aparece y cómo se expande el femicidio en la vida de las mujeres. “El femicidio no aparece de un día para el otro. Generalmente es el punto final de una cadena previa de violencias: control, celos, amenazas, aislamiento, violencia económica, hostigamiento, naturalización de la violencia e indiferencia institucional. La sociedad solo se indigna cuando el hecho ya es irreversible”.
Asimismo, sostuvo que la sociedad debe involucrarse aún más en esta problemática. “También hay algo que me parece central: todavía no logramos que esta problemática interpele a toda la sociedad de la misma manera. Muchas mujeres, pero sobre todo muchos varones, recién se involucran cuando la víctima es una mujer de su entorno: una madre, una hija, una hermana, una amiga o una compañera. Hasta que eso no ocurre, lo ven como algo ajeno, como un problema exclusivo de las mujeres”.
En otro tramo de la entrevista expresó: “La violencia de género no es un problema de mujeres. Las mujeres son quienes la padecen de manera directa, pero el problema también involucra a los varones: sus conductas, sus silencios, sus pactos, sus formas de vincularse y la manera en que muchas veces miran para otro lado frente a situaciones cotidianas de control, acoso, humillación o violencia”.
No obstante, hizo hincapié en la necesidad de que los hombres se involucren activamente. “Muchos varones no se ven como parte del problema y, por eso, mucho menos se piensan como parte de la solución. Pero erradicar la violencia requiere que todas las personas se involucren. No alcanza con acompañar una marcha o compartir una placa el 3 de junio. También implica revisar decisiones rutinarias: qué chistes se festejan, qué comentarios se toleran, qué amigos se encubren, qué violencias se minimizan, cómo se educa a los hijos, cómo se distribuyen las tareas de cuidado y cómo se responde cuando una mujer pide ayuda”.

También explicó que esta problemática responde a una combinación de factores. “Respecto al problema de fondo, no creo que sea una sola cosa. No es únicamente falta de educación, ni únicamente falta de empatía, ni únicamente falta de disciplina. Es una combinación de factores culturales, sociales, económicos e institucionales”.
Y agregó: “Hay una base cultural muy fuerte, vinculada a la forma en que todavía se construyen muchos vínculos desde la posesión, el control y la desigualdad”.
En referencia a la problemática, realizó una fuerte crítica al Gobierno nacional. “Pero también hay una responsabilidad estatal concreta. Y hoy tenemos que decirlo con claridad: existe un Estado nacional negacionista de la violencia de género, que no solo relativiza la problemática, sino que además desfinancia y debilita las políticas públicas destinadas a prevenir, asistir, proteger y reparar”.»
Asimismo, señaló: “Desde ciertos discursos oficiales y sociales se instala la idea de que la violencia de género no existe, que las mujeres no están realmente en riesgo o que la lucha feminista es una exageración. Eso produce un daño enorme, porque estigmatiza años de organización, de conquistas de derechos y de reclamos que nacieron justamente frente a vidas vulneradas, denuncias desoídas y femicidios evitables”.
Sobre los proyectos vinculados a las denominadas “falsas denuncias”, advirtió: “En esa misma línea, cuando se habla de proyectos vinculados a las falsas denuncias, hay que ser muy responsables. No se puede legislar desde prejuicios ni desde consignas que buscan instalar sospecha sobre las mujeres que denuncian. El Consejo Federal de Política Criminal relevó más de 8 millones de investigaciones penales en 17 jurisdicciones entre 2023 y 2025, y determinó que las falsas denuncias representan apenas el 0,09 % del total. Además, de las jurisdicciones con información desagregada, el 86 % de las falsas denuncias corresponde a conflictos de otra índole, como cuestiones patrimoniales, vecinales o laborales, y solo el 8 % al ámbito de violencia de género o intrafamiliar. Es decir, no hay evidencia seria que permita afirmar que exista una ola de denuncias falsas vinculadas a violencia de género o abuso”.»
Y continuó: “Entonces, cuando se insiste con ese discurso, el problema no es solamente jurídico: es político y simbólico. Se instala la idea de que las mujeres mienten, que denuncian por venganza o que usan el sistema judicial para perjudicar a los varones. Y eso tiene un efecto muy concreto: desalienta denuncias reales, refuerza la impunidad y deja más solas a quienes están atravesando violencia”.»
Además, agregó: “Cuando se ridiculiza al feminismo, cuando se habla de falsas denuncias como si fueran la regla, cuando se busca discutir o eliminar la figura del femicidio, cuando no se garantiza la aplicación real de la ESI y cuando se desmantelan programas de acompañamiento, el mensaje social es muy grave: se les dice a las mujeres que están solas, que exageran, que no se les cree y que el Estado no va a estar ahí para protegerlas”.
Respecto al rol del Estado nacional, sostuvo: “El Gobierno nacional no está brindando el apoyo necesario a las víctimas ni a los territorios que sostienen cotidianamente la demanda. Sin financiamiento, sin programas de acompañamiento como el Programa Acompañar, sin fortalecimiento de dispositivos locales, sin refugios suficientes, sin asistencia económica y psicológica, sin patrocinio jurídico accesible y sin equipos interdisciplinarios, se traslada toda la carga a las provincias, a los municipios, a las organizaciones y, sobre todo, a las propias mujeres que están intentando salir de situaciones de violencia”.
También remarcó: “El femicidio no se previene solamente con una condena después del hecho. Se previene antes: con educación, con políticas públicas sostenidas, con independencia económica, con justicia capacitada, con fuerzas de seguridad que tomen las denuncias en serio y con un Estado presente”.
Sin embargo, enfatizó la necesidad de no reducir la problemática a un único factor. “Por eso me parece peligroso reducir el problema a una cuestión individual, como si fuera solo falta de empatía o falta de disciplina. Hay responsabilidades individuales, por supuesto. Pero también hay una responsabilidad política e institucional. Y cuando el Estado niega, desfinancia, estigmatiza, no acompaña o se retira, la violencia no desaparece: se profundiza”.

Y concluyó: “La violencia de género se sostiene también en lo cotidiano. Por eso la salida no puede ser solamente judicial o institucional: tiene que ser social, cultural, política y colectiva. Mientras los varones sigan viendo el femicidio como algo que les pasa a ‘otras mujeres’, y no como una problemática que también los interpela, va a ser muy difícil transformar de raíz las condiciones que permiten que esa violencia continúe”.
Consultada sobre su experiencia profesional, expresó: “Desde mi profesión me ha tocado acompañar y defender a muchas mujeres que llegaron al sistema judicial con sus derechos vulnerados, muchas veces después de haber atravesado situaciones de violencia, miedo, dependencia económica, amenazas, incumplimiento de medidas de protección o falta de respuestas oportunas”.»
Y agregó: “Algo que una observa en el ejercicio profesional es que las mujeres no siempre llegan al proceso en igualdad de condiciones. Muchas llegan agotadas, con hijos a cargo, con culpa, con vergüenza, con miedo a no ser creídas o con experiencias previas en las que ya pidieron ayuda y no obtuvieron una respuesta suficiente”.
Finalmente, reflexionó sobre el acceso a la justicia: “Por eso, cuando hablamos de acceso a la justicia, no hablamos solamente de poder presentar una denuncia o iniciar un expediente. Hablamos de que esa mujer sea escuchada, protegida, acompañada y tratada con seriedad desde el primer momento”.
“Desde mi lugar, entiendo que la defensa técnica tiene que ser sólida, pero también profundamente humana. Porque detrás de cada expediente hay una historia, hay una vida, hay hijos, hay proyectos interrumpidos y hay una persona que muchas veces llega al sistema judicial cuando ya agotó todas las demás herramientas”.
“Entonces sí, me ha tocado defender a mujeres vulneradas en sus derechos, y eso también me confirma todos los días que la violencia de género no es una consigna ni una exageración: es una realidad concreta que atraviesa cuerpos, familias, hogares y decisiones judiciales”, finalizó.
Silva Yohana – Proyecto Mujeres Guacurarí en Acción
Dirección General: Walter López
AGENCIA DE NOTICIAS GUACURARÍ




