Ayer a la tarde envasé leche para que mi marido salga a venderla hoy. Cabras lecheras, quesos, kéfir, pollos, cerdos. Una rutina compartida con miles de familias misioneras que cada día producen alimentos mientras cuidan el territorio que habitan. En este Mes del Ambiente, vale la pena detenerse a pensar en todo lo que hay detrás de esa rutina.
Mientras el mundo debate cumbres climáticas y acuerdos globales, Misiones tiene algo concreto para mostrar. Miles de familias que producen alimentos y cuidan el territorio al mismo tiempo. No como slogan: como práctica de todos los días.
Hace unos días recorría los puestos de la Feria Universitaria en la Universidad Católica de las Misiones. Había estudiantes, docentes, familias, agricultores. Había alegría. Y pensaba que detrás de cada producto en esa mesa hay algo que pocas veces se nombra: suelo cuidado, agua preservada, biodiversidad protegida. Nuestra provincia conserva más del 52% de su cobertura nativa, y eso no es casualidad: es el resultado de familias que trabajan la tierra con la conciencia de que producir hoy no puede comprometer el mañana.
Cuando hablamos de ambiente solemos pensar en bosques remotos o negociaciones internacionales. Pero en Misiones el cuidado ambiental empieza en la chacra. Nuestra legislación no hace más que poner en palabras lo que las familias agricultoras hacen en la práctica cada día: el sector es, ante todo, un modelo de desarrollo productivo, económico, social y ambiental. No es retórica, es la descripción exacta de lo que hacen. Son cuidadoras del monte, de las vertientes y de los cursos de agua. Capturan carbono, generan oxígeno y preservan biodiversidad. Todo eso mientras pagan las cuentas, crían a sus hijos y sostienen sus comunidades.
La experiencia misionera demuestra algo que los grandes debates ambientales suelen olvidar: no hay contradicción entre producir y cuidar. El verdadero desarrollo es generar trabajo, fortalecer comunidades y proteger la naturaleza al mismo tiempo. Y el valor de la agricultura familiar no depende solamente de un presupuesto: depende del arraigo, del conocimiento y del compromiso de quienes trabajan la tierra.
Producir alimentos, cuidar el agua y generar oxígeno: eso es un acto de soberanía. No es casualidad que Misiones sea hoy la primera provincia en certificar internacionalmente su patrimonio ambiental y avanzar hacia un Bono Verde propio. Esa decisión política reconoce algo que las familias agricultoras saben hace generaciones: que uno de los bienes más valiosos que produce Misiones es el oxígeno, y que cuidarlo tiene valor.
Encuentro Misionero expresa esa misma convicción: que el desarrollo no puede medirse únicamente por lo que se extrae o se consume, sino también por lo que se conserva y se transmite. Es una mirada que pone en el centro a las personas, a las comunidades y al territorio. Una mirada que entiende que el futuro se construye con arraigo, con biodiversidad protegida y con agricultores que siguen apostando a quedarse, producir y cuidar.
Sostener ese modelo exige lo mismo que exige trabajar la tierra: coraje para apostar cuando otros dudan y audacia para ver el horizonte cuando el presente aprieta. Ese es el futuro que estamos edificando, con cada chacra, con cada familia y con cada decisión que pone a las personas y al territorio en el centro.
Marta Ferreira – Ministra Secretaria de Agricultura Familiar
Dirección General: Walter López
AGENCIA DE NOTICIAS GUACURARÍ

